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No son muchos los humoristas que alcanzan el peak de fama en cosa de
días. Algo así ocurrió con Cristián Henríquez, o más bien con Ruperto,
el gran personaje que debutó en las pantallas de Morandé con Compañía,
encarnado por este introvertido artista de circo.
Los inicios de Cristián Henríquez se remontan en el Circo Mazzinni,
donde creció y se formó como trapecista. Sería esa experiencia la que
le daría la característica más reconocible del borrachín de humor
blanco: su plasticidad e hilarante equilibrio.
Tras la llegada de Ruperto a MCC, el éxito le significó participar
en el Festival de Viña del Mar, rutina que obtuvo un enorme rating,
pero que trajo elementos que Cristián no agradecía, como la fama y la
invasión de las cámaras. Sin embargo, supo controlar eso y hoy podemos
ver al artista como una de Las Tres Marías.
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